Hay anticonceptivos, pero falta educación
Yulexi a los 13 años, Lorena a los 14, Lucila a los 16, Yadira, Grace y Cilene a los 17, Angie a los 18. En diferentes momentos, todas se enfrentaron a un embarazo que a unas mantiene alejadas de los estudios o dedicadas a cuidar a un hijo no planificado. Coinciden en algo: sabían de métodos anticonceptivos y cómo usarlos. Tenían acceso, pero no se protegieron. Las razones: “Podía quedar infértil”, “no imaginaba que podría ocurrir”. Pero pasó y, a algunas, en el primer encuentro.
Las historias –que se cuentan con temor o entre sonrisas– se repiten en las maternidades de Guayaquil, adonde van a atenderse desde varios sectores del país, o en zonas populosas como isla Trinitaria, Monte Sinaí, Nueva Prosperina, Guasmo. Esta realidad crece también en las estadísticas oficiales.
Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición sobre Salud Sexual y Reproductiva, presentada el 17 de octubre pasado por el INEC y el Ministerio de Salud, la tasa de fecundidad en las adolescentes de 15 a 19 años aumentó 11% en el periodo 2007-2012 en relación con 1999-2004; es decir, de cada 1.000 mujeres en edad fértil (considerada de 15 a 49 años) 111 adolescentes se convierten en madres. En el periodo 1999-2004 eran 100 y en 1995-1999, 91.
Sexo es tabú
Jorge Parra, representante en Ecuador del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), señala que este no es un fenómeno exclusivo del país sino de América Latina y viene dado por diferentes variables, como el inicio temprano de relaciones, la estructura familiar, la violencia, la cultura y, sobre todo, la educación. “Hay un mito prevalente en los chicos: que en la primera vez no pasa nada. Y como consecuencia de esto, menos de un tercio de los adolescentes usa algún método de protección en la primera relación”, indica.
En esos factores coincide el psicólogo clínico César Valcárcel, de la maternidad Enrique C. Sotomayor, quien suma el vacío generado en la familia a consecuencia de la ola migratoria de los años 90, que los acostumbró a recibir dinero o regalos en lugar de la presencia de sus padres, y la falta de una política informativa que “humanice” los procesos que atraviesan las adolescentes. “Solamente se dan los métodos anticonceptivos, pero no se está educando y aún desde muchos aspectos la sexualidad sigue siendo un tabú”, dice.
Si una pareja decide tener relaciones es su derecho decidir, pero también es su obligación protegerse contra un embarazo no deseado y una enfermedad”.
Jorge Parra
Unfpa Ecuador
Desde el 2012, el Gobierno implementó la Estrategia Nacional Intersectorial de Planificación Familiar (Enipla), a fin de disminuir la tasa de embarazos entre adolescentes, y emitió un reglamento para regular el acceso y disponibilidad de métodos anticonceptivos, incluida la llamada píldora del día después. Aunque hasta el cierre de esta edición el Ministerio no respondió a un cuestionario enviado por este Diario sobre el aumento en la tasa de fecundidad, en el sitio web del Ministerio Coordinador de Desarrollo Social se señala entre sus logros 16% más en consultas preventivas, 26 espacios juveniles de consejería, 124% de incremento en las llamadas al 1800-445566.
El censo del 2010 da cuenta de 121.288 adolescentes entre 15 y 19 años (el 17,2%) que dieron a luz al menos una vez. Hoy, el 19,48% del total de nacimientos corresponde a adolescentes de esas edades y supera el 20% si se incluye a las menores de 15, un grupo en el que los casos tienden a aumentar (creció 71% entre 2007 y 2013), coinciden Valcárcel y Benigno Cacao, educador para la salud del Centro de Adolescentes de la maternidad Matilde Hidalgo de Procel.
El año pasado, la mayoría de consultas era de menores de 16 y 17 años, este año prevalecen las de 14 y 15. En el 2013, la maternidad Sotomayor, de la Junta de Beneficencia, la más grande del país, atendió 5.259 partos de menores de 19 años. Hasta septiembre del 2014 registró 4.116. De estos, 577 fueron de menores de 15.
Cuerpos de niñas
En este grupo de edad se experimentan más complicaciones médicas porque el cuerpo está aún en desarrollo, dice la ginecóloga Mariana Murillo, del consultorio de adolescentes de la maternidad Sotomayor, y son más vulnerables a enfermedades de transmisión sexual. A ello se suma la recurrencia: alrededor del 25% de las adolescentes que tienen un embarazo no planificado incurren en otro, dice Parra.
La educación tiene un efecto directo. El Plan Andino para la Prevención del Embarazo Adolescente señala que el porcentaje de embarazo en la adolescencia es hasta cuatro veces mayor entre las que no tienen educación comparadas con las de niveles más altos. Un embarazo en esta edad se traduce en 2,5 años menos de escolaridad. Y por cada hijo adicional se reduce un año.
Parra considera que falta desarrollar “una verdadera política” de educación para la sexualidad, basada en valores y sobre todo en la responsabilidad del ‘embarazador’ y de la embarazada.
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